Mayo 2015
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Tres preguntas esenciales Enviar esta meditación

Romanos 11:33-36
“¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.”


El apóstol Pablo fue un hombre sumamente culto y educado, discípulo del renombrado maestro Gamaliel, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo, según él mismo afirma en Filipenses 3:5. Además del idioma hebreo, él hablaba fluidamente el griego y el arameo, lo cual le permitió predicar el evangelio por todo el mundo de aquella época. Pero pese a sus vastos conocimientos, Pablo no era capaz de entender la profundidad de la sabiduría y la ciencia de Dios. Por eso en el pasaje de hoy expresa su admiración de una manera tan elocuente y apasionada.

Aun en nuestros tiempos, en los que la ciencia ha avanzado hasta límites que no podían siquiera imaginarse hace sólo unos años, existe una gran incertidumbre al tratar de contestar algunas preguntas básicas. Un notable físico suizo al salir de una conferencia científica declaró: “Nunca he dejado de sentir inquietud con tres preguntas esenciales que lo deciden todo: ¿De dónde vengo? ¿Para qué estoy en la tierra? ¿Hacia dónde voy?”

¿De dónde vengo? La ciencia procura contestar esta pregunta remontándose muy lejos en el pasado. Pero ciertamente le resulta imposible ir hasta el comienzo. Porque si el universo tiene un principio, ¿cómo imaginarse lo que había antes? La Biblia, en cambio, nos habla de un acto creador realizado por Dios, quien precedió todas las cosas. Génesis 1:1 relata que “En el principio creó Dios los cielos y la tierra.” Y en Génesis 2:7 dice: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.”

¿Para qué estoy en la tierra? La ciencia sólo da respuestas parciales y, por ende, insuficientes. En su libro “Una Vida con Propósito”, Rick Warren se refiere al propósito de nuestra vida en la tierra como “una preparación para la eternidad.” Es el propósito de Dios que mientras estemos en este mundo vayamos siendo transformados y finalmente seamos hechos “conformes a la imagen de su Hijo”, dice Romanos 8:29. Sabemos que Dios nos ama y que tiene planes para nuestra vida presente y futura. Dice Jeremías 29:11: “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice el Señor, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.”

¿Hacia dónde voy? En este punto la ciencia es tristemente precisa: hacia la muerte. Cada ser viviente, como toda la naturaleza, tiene un carácter pasajero. Un día la tierra misma y el sol desaparecerán. ¿Y después? Solamente la Escritura puede contestar sin ambigüedad: Dios nos invita a vivir eternamente con él. La Biblia dice en 1 Juan 5:13: “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.” Y Tito 1:2 se refiere a “la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos.”

El apóstol Pablo entendió profundamente el plan de Dios para su vida; por eso declaró en su carta a los Filipenses: “Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.” (Filipenses 1:21). Debemos entender que la vida eterna, esa vida en abundancia que Jesucristo nos dio por medio de su muerte y resurrección, comenzamos a vivirla mientras estamos en este mundo. Cuando morimos continuamos viviendo la vida eterna pero en una etapa diferente, mucho mejor, junto a nuestro Señor, en un lugar en el que no habrá tristeza ni sufrimientos, solamente gozo y paz. Por eso Pablo dice que para él “morir es ganancia.” Lo mismo podremos decir nosotros si entendemos espiritualmente las respuestas a estas preguntas.

Graba en tu mente y en tu corazón esta enseñanza. No olvides que fuiste creado por Dios y para Dios. Mientras no lo entiendas, tu vida no tendrá ningún sentido.

ORACION:
Bendito Dios, gracias por Jesucristo tu Hijo, gracias por la vida eterna que a través de él nos ofreces. Ayúdame a vivir mi vida conforme a tus propósitos y tus planes, en preparación para esa etapa en la que yo pasaré a morar contigo para siempre. En el nombre de Jesús, Amén.