Diciembre 2014
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¿Necesitas ayuda en la oración? Enviar esta meditación

Romanos 8:26-27
“Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.”


¿Has sentido alguna vez que tus oraciones “no pasan del techo”? ¿Te parece como si Dios no escuchara tus ruegos? Si es así, tú no eres la única persona. Muchos creyentes experimentan tiempos de desaliento en su relación con el Señor. Por esta razón Dios nos ha provisto un calificado Ayudador para nuestra vida de oración: el Espíritu Santo. El pasaje de hoy dice que “el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad.” Dios nos dio su Espíritu Santo por muchas razones, una de las cuales es que sea nuestro ayudador en la oración. Pero, ¿cómo exactamente nos ayuda?

En primer lugar nos enseña y nos recuerda las palabras de Jesús, y sus promesas las cuales deben ser la base de nuestra esperanza y de nuestras peticiones. Al anunciarles su partida, Jesús les dijo a sus discípulos: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.” (Juan 14:26). Muchas veces no sabemos exactamente qué pedir o cómo pedir en una determinada situación. En estos casos el Espíritu Santo nos ayuda intercediendo por nosotros. Dice el pasaje de hoy: “Pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.” Y su intercesión es perfecta “porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.” El Espíritu Santo también nos ayuda al redargüirnos cuando dejamos de orar con la frecuencia que debemos. Y también nos revela nuestras verdaderas necesidades, aquellas que van más allá de simples caprichos o antojos.

Cuando cedemos el control al Espíritu Santo, él nos lleva ante el trono de la gracia donde sentimos la dulce presencia de Dios. A esto se refiere el apóstol Pablo cuando exhorta a los efesios a que permanezcan “orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu.” (Efesios 6:18). Orar en el Espíritu significa estar plenamente conciente de la presencia de Dios. Es descansar totalmente en Dios, es enfocar nuestra mente y nuestro espíritu en una sincera adoración al Señor, es prestar total atención a la voz del Espíritu Santo mientras nos recuerda las palabras de Jesús que podemos aplicar a la situación en la que nos encontramos, es deleitarnos profundamente en un tiempo de dulce comunión con nuestro Padre celestial manifestando una total entrega y sumisión a él.

Cuando permitimos que el Espíritu Santo nos ayude, las barreras son levantadas de nuestra vida de oración. Nos sentimos libres para experimentar la paz de Dios y estar así preparados para recibir su dirección. De esta manera el Espíritu Santo nos capacita para entregar nuestras cargas y preocupaciones, aún aquellas que no somos capaces de expresar, en las manos poderosas de nuestro Padre Celestial.

El Espíritu Santo está siempre dispuesto a ayudarte a pedir de la manera en que conviene pedir, de la manera en la que el Padre suplirá de manera perfecta tus necesidades, aunque tú no estés conciente de ellas. Cuando ores, olvídate de ti y cede todo el control de tu vida al Consolador. En silencio entrégate humilde y confiadamente en sus manos, deja que él te lleve a niveles espirituales profundos donde vas a experimentar una infinita e inexplicable paz.

ORACION:
Padre celestial, gracias por tu Santo Espíritu quien nos ayuda, nos consuela, nos enseña e intercede por nosotros. Te ruego me ayudes a ceder a él todo el control para que me lleve hasta tu misma presencia y pueda yo sentir esa paz tan maravillosa que sólo proviene de ti. En el nombre de Jesús, Amén.