Diciembre 2016
DLMMJVS
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
25262728293031

 
¿Amas tú el dinero? Enviar esta meditación

1 Timoteo 6:9-10
"Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores."


El concepto general que prevalece en la sociedad en que vivimos es que valemos de acuerdo a las posesiones y el dinero que tengamos acumulados. Y siguiendo este concepto, la mayoría de las personas se enfrascan en una loca carrera en busca de lo que llaman “tranquilidad económica” pero, lamentablemente, lejos de obtener el resultado anhelado muchos han conseguido el fracaso y el sufrimiento y en muchas ocasiones hasta la muerte.

La tentación de amar el dinero es sumamente fuerte. El mundo está saturado de un sentimiento de avaricia y ambición por las cosas materiales y el enemigo de nuestras almas lo sabe muy bien. Con dinero se pueden conseguir prácticamente todas las cosas materiales que se desean, por eso es fácil que el ser humano llegue a sentir amor por el dinero. El pasaje de hoy nos alerta acerca de este sentimiento. No tiene nada de malo esforzarse en el trabajo con el fin de tener un mejor salario o luchar para tener un negocio próspero y exitoso. El problema radica en sentir "amor al dinero." Cuando alguien ama el dinero es capaz de hacer cualquier cosa para conseguirlo y nunca está satisfecho. Dice Eclesiastés 5:10: “El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad.” La codicia ha llevado a muchas personas a cometer actos repulsivos, incluyendo el robo y el asesinato. Resultado: desgracia y sufrimiento para muchos.

La Biblia es muy clara en cuanto al dinero. La Palabra de Dios no dice que es necesario ser pobre para ser un buen cristiano, pero advierte del peligro espiritual que viene con la riqueza. Cuando alguien tiene tantos recursos económicos que puede hacer u obtener todo lo que le place puede llegar a sentirse como si fuera Dios, capaz de hacer cualquier cosa. Esto es el principio de la desgracia en la vida de una persona, al igual que lo fue en la vida de Eva y Adán cuando quisieron ser iguales a Dios. Hay muchas personas que han llegado a la “cumbre” en el aspecto económico, sin embargo la mayoría son personas infelices y frustradas.

La Biblia nos cuenta en Lucas capítulo 18 acerca de un hombre que se acercó a Jesús y le preguntó qué debía hacer “para heredar la vida eterna.” El Señor le dijo que cumpliera los mandamientos. Y el hombre le contestó que él los había guardado desde su juventud. Entonces Jesús le dijo: “Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.” Y cuando él oyó esto, “se puso muy triste, porque era muy rico.” (Lucas 18:23). Es decir, para él sus riquezas eran más importantes que la vida eterna.

Como cristianos no podemos permitir que el dinero ocupe el primer lugar en nuestras vidas. Cualquier cosa que no glorifique a Dios comienza a pervertirse y se convierte en impedimento para recibir la bendición del cielo. Una manera de actuar que manifiesta verdadero amor a Dios es precisamente separar para la obra de su reino el diezmo, es decir la décima parte de los ingresos. Cuando lo hacemos de corazón se cumplirá la promesa de Dios de que él “abrirá las ventanas de los cielos y derramará sobre nosotros bendición hasta que sobreabunde”, como dice Malaquías 3:10. Es fácil dar de lo que nos sobra, pero cuando le damos al Señor lo que tiene valor para nosotros estamos demostrando con hechos el amor que hay en nuestros corazones para Aquel quien nos lo ha dado todo.

Debemos poner a Dios siempre en primer lugar, y él se encargará de proveer para todas nuestras necesidades, según nos prometió Jesús en Mateo 6:33: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” Si antes que cualquier otra cosa tú buscas el rostro del Señor cada día de tu vida, él suplirá todas las cosas que tú puedes conseguir con dinero y otras más que son imposibles de comprar como la paz, el gozo y la tranquilidad espiritual.

ORACION:
Padre Santo, te ruego que controles mis deseos de vivir bien y de progresar económicamente, de manera que nunca llegue a amar el dinero. Por favor, guarda mi corazón para amarte a ti antes que a cualquier otra cosa en esta vida. Por Cristo Jesús, Amén.