Abril 2015
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Dios quiere hablarte, ¿sabes para qué?  Enviar esta meditación

Gálatas 1:11-17
“Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo. Porque ya habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo, que perseguía sobremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba; y en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres. Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles, no consulté en seguida con carne y sangre, ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco.”


A través de toda la Biblia vemos que Dios anhela comunicarse con la humanidad. Él tiene planes específicos para cada ser humano y su deseo es que los conozcamos para que lleguemos a la meta que él ha dispuesto para nosotros. El primer paso en este proceso es, por supuesto, la revelación en nuestras vidas de la voluntad de Dios. Esta puede llegarnos por medio de la Palabra de Dios, por medio de otras personas, a través de las circunstancias que nos rodean o de cualquier otra manera escogida por Dios para hablarnos. En el pasaje de hoy, el apóstol Pablo nos cuenta su propia experiencia en este aspecto. Primeramente nos dice que “por revelación de Jesucristo” Dios le mostró su voluntad, es decir que predicara el evangelio. Su encuentro con Jesús en el camino a Damasco (Hechos capítulo 9) cambió su vida de una manera radical. Allí Pablo, milagrosamente, entendió y aceptó la verdad divina.

Antes de este encuentro, Pablo (entonces conocido como Saulo de Tarso) era enemigo acérrimo de los cristianos y, según él mismo dice, “perseguía sobremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba.” Esto no fue obstáculo para que el Señor lo llamara a servirle. También tenía él un profundo conocimiento del judaísmo y era sumamente celoso de las tradiciones de sus padres. Pero no lo llamó Dios por sus “méritos” sino, dice Pablo, “cuando le agradó a Dios, me llamó por su gracia.” Finalmente Pablo nos habla del propósito del llamado del Señor para él. Dice: “Para que yo le predicase entre los gentiles.” Inmediatamente después de su revelación en el camino a Damasco, Jesús habló a un discípulo llamado Ananías y le informó acerca de los planes que él tenía para el apóstol Pablo. El Señor le dijo: “Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel.” (Hechos 9:15). La historia nos muestra como este plan de Dios se llevó a cabo de una manera preciosa en aquel que llegó a ser uno de los más grandes evangelistas de todos los tiempos.

Generalmente podemos identificar tres objetivos claros que Dios tiene cuando nos habla. Su propósito es que nosotros:

• Entendamos y aceptemos su verdad.
• Seamos transformados conforme a esta verdad.
• Seamos capacitados para comunicar esta verdad a otros.

No siempre los propósitos de Dios son tan ambiciosos como los que tenía con Pablo, pero cualesquiera sean estos, son siempre importantes para el establecimiento de su reino. Este fue el caso de Ananías, al cual el Señor le encomendó la simple tarea de poner las manos encima de Saulo para que éste recuperara la vista. En apariencia una encomienda insignificante, pero ¡qué trascendencia tan profunda tuvo el que aquel hombre pudiese ver de nuevo, y así dedicar el resto de su vida al servicio del Señor! En el caso de Ananías se cumplen también los tres puntos en el llamado de Dios: Primero él entendió y aceptó la verdad revelada por el Señor, después su concepto de Saulo fue transformado conforme a esta verdad, y por último fue capacitado por el Espíritu Santo para cumplir su misión.

No pienses que tú no mereces que Dios te hable. Él tiene un propósito determinado para tu vida y desea revelártelo. Pide al Señor que te dé discernimiento espiritual para entender y aceptar su verdad, sabiendo que este es el primer paso para llegar a ser un instrumento en sus planes.

ORACION:
Padre santo, yo anhelo escuchar cuando me hablas, y así poder unirme a los planes que tienes para mi vida. Dame discernimiento espiritual para entender con claridad tus instrucciones, y aumenta mi fe para obedecerte en todo para que tú seas glorificado en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.