Julio 2015
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¿Puedes dar gracias por todo? Enviar esta meditación

1 Tesalonicenses 5:18
“Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.”


Muchos cristianos que llevan una vida obediente a la palabra de Dios encuentran un problemita con este versículo. ¡Parece pedir lo imposible! ¿Por qué debemos dar gracias “en todo”?, se preguntan. ¿Por qué no pudo el apóstol Pablo haber dicho simplemente: “Den gracias cada vez que reciban bendiciones” o “Den gracias la mayor parte del tiempo”? ¡Sería mucho más fácil obedecer! Nosotros no tenemos ningún problema para dar gracias a Dios por las cosas buenas, pero cuando algo malo sucede es muy diferente. Una noche podemos decir: “¡Señor, muchas gracias por todo lo que me diste hoy!” Pero al día siguiente sucede algo malo, y al llegar la noche nos quejamos diciendo: “Ay, Dios mío, ¿por qué permitiste esto?” Es fácil dar gracias a Dios por un nuevo empleo, pero muy difícil alabarlo cuando lo perdemos. Ser agradecidos a Dios es fácil cuando nuestros hijos son obedientes, ¡pero casi imposible cuando están fuera de control!

La mayoría de las veces preferimos salir de las dificultades antes que dar gracias a Dios. Pero, ¿has pensado que esa situación difícil y dolorosa existe por la voluntad de Dios? No olvides que su propósito es hacer lo que es mejor para ti. Los propósitos de Dios para tu vida van más allá de tus días en la Tierra. Comienza por dar gracias a Dios hoy, cualesquiera sean las circunstancias en que te encuentres. Después de todo, ¿cuál es la alternativa? Amargura, angustia, resentimiento. Dios te hizo para algo mucho mejor: para que disfrutes gozo eterno.

Por nuestra naturaleza humana nuestra gratitud crece en los buenos tiempos y disminuye en los malos. La clave para dar gracias siempre consiste en aprender a actuar con nuestra naturaleza espiritual en vez de hacerlo con la naturaleza carnal. De esta manera seremos capaces de esperar algo bueno de algo malo que nos está pasando. Llegaremos a confiar plenamente en que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien.” (Romanos 8:28). Así podremos dar gracias por aquello que esperamos aunque no haya llegado aun porque, al igual que Dios, por fe podremos llamar “las cosas que no son, como si fuesen.” (Romanos 4:17). Cuando somos agradecidos y alabamos a Dios, incluso en los tiempos difíciles, se manifiestan en nosotros tres cosas importantes: Primero, demostramos que creemos en la constante presencia de Dios en nuestras vidas, tanto en las buenas como en las malas. Segundo, declaramos con nuestra actitud nuestra seguridad de que Dios está en control. Tercero, confiamos plenamente en el inmenso amor de Dios y sus planes de bienestar para nuestras vidas.

Alabar a Dios en los tiempos de adversidad exige un paso de fe que el Señor siempre honra. Es ser capaz de ver algo que se mueve en el aspecto espiritual y que está detrás de las circunstancias físicas que se están desarrollando alrededor, por negativas que estas sean. Así como en 2 Reyes 6, Eliseo fue capaz de ver el ejército de ángeles, y pidió a Dios que permitiera a su criado verlo, y ambos se sintieron seguros aún estando rodeados del poderoso ejército sirio, de igual manera nosotros podemos llegar a ver con nuestros ojos espirituales, movidos por la fe, resultados de victoria que aún no se han manifestado en el aspecto físico, y entonces podremos dar gracias a Dios aunque todos a nuestro alrededor estén viendo derrota.

Esto solamente podremos lograrlo con la ayuda del Espíritu Santo. Por eso debemos establecer una comunión cada vez más íntima con él por medio de la lectura de la Biblia y la oración diariamente. El Espíritu Santo irá ocupando cada vez más áreas de nuestra vida y así tomando el control en todas las situaciones incluyendo aquellas que son muy difíciles. Llegará el momento en que seremos capaces de dar gracias a Dios en todo y por todo. Esta es su voluntad, dice el pasaje de hoy. Y cuando hacemos su voluntad, el Señor se manifiesta poderosamente en nuestras vidas. Haz tu parte, comienza hoy a darle gracias a Dios por las pruebas y las dificultades. Espera confiadamente, y con toda seguridad disfrutarás los resultados.

ORACION:
Padre santo, te pido que me llenes de tu Santo Espíritu y me capacites para darte gracias aún en medio del dolor y el sufrimiento, sabiendo que tú estás en control, y que al final tu nombre será glorificado en la victoria que tú me darás. En el nombre de Jesús, Amén.