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Filipenses 1:6
“Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.”


En su libro “Huellas de un Peregrino”, Ruth Bell Graham sugiere este epitafio para su tumba: “Final de la construcción. Gracias por su paciencia.” Aunque con humor, su expresión está basada en la verdad. O sea, los que hemos creído en Jesucristo mientras caminamos por esta vida bien podríamos traer un letrero en la frente que diga: “En proceso de construcción.” En el pasaje de hoy, Pablo expresa su confianza en el hecho de que Dios continuará perfeccionando el trabajo que comenzó en nosotros hasta el día en que Cristo vuelva o nosotros vayamos a su presencia.

Este proceso de perfeccionamiento comienza en el instante en que aceptamos a Jesucristo como Salvador. En ese momento somos justificados, todos nuestros pecados son perdonados y somos apartados por Dios para llevar a cabo su plan en nuestras vidas. Romanos 8:29 dice: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo.” Este era su plan original cuando creó al hombre. En Génesis 1:26 Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza.” Lamentablemente la desobediencia de Adán y Eva afectó profundamente ese plan, pero en su inmensa misericordia e infinito amor Dios continúa con la idea de que seamos semejantes a él con el fin de tener una íntima comunión con nosotros. Para ello se requiere que pasemos por el proceso de santificación. Desde la época del Antiguo Testamento Dios expresa su anhelo cuando dice en Levítico 20:7: “Santificaos, pues, y sed santos, porque yo Jehová soy vuestro Dios.”

Este proceso de santificación comienza cuando el Espíritu Santo viene a morar en todos los que hemos creído, y continúa hasta el final de nuestras vidas. Es el Espíritu Santo quien hace la obra, pero se requiere nuestra participación. Debemos estar dispuestos a renunciar a hábitos y costumbres que no glorifican a Dios e iniciar una vida de constante crecimiento espiritual, buscando siempre parecernos a Cristo en carácter, pensamiento y conducta. Dice Romanos 12:1, 2: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” Esta es nuestra parte, debemos entender que no podemos continuar pensando o actuando como antes, sino que debemos cambiar nuestra manera de pensar y de actuar.

Esto no podemos hacerlo por nosotros mismos, pues nuestra naturaleza carnal se niega a renunciar a sus deseos y costumbres. Debemos, pues, permitirle a Cristo vivir su vida a través de nosotros. El apóstol Pablo lo expresa de la siguiente manera en Gálatas 2:20: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” En este proceso de santificación fallaremos y caeremos en ocasiones. Pero si nos arrepentirnos y confesamos nuestros pecados Dios nos perdonará, afirma 1 Juan 1:9. A medida que profundizamos en nuestra comunión con Dios por medio de la oración constante y la lectura diaria de la Biblia, la transformación se va llevando a cabo en nosotros.

Examina tu vida en términos de crecimiento espiritual. ¿Has crecido en conocimiento bíblico desde que aceptaste a Jesucristo como Salvador? ¿Estás experimentando nuevos niveles de intimidad con Dios? ¿Te deleitas al pasar un tiempo de oración a solas con el Señor? ¿Disfrutas cuando alabas al Señor por medio de cánticos? ¿Es una prioridad en tu vida servir y obedecer a Dios?

Si tus respuestas son positivas, dale gloria a Dios y continúa adelante que vas bien. Si en alguna de ellas la respuesta es NO, entonces hazte el propósito de cambiar en esa área, da un paso adelante, distanciándote de la complacencia y marcha en camino a la perfección en Cristo.

ORACION:
Padre santo, yo anhelo crecer espiritualmente al punto de parecerme a tu Hijo Jesús. Por favor, ayúdame a rechazar los deseos de la carne, y que tu Santo Espíritu haga su obra de santificación en mí sin que constantemente yo esté interrumpiendo. En el nombre de Jesús, Amén.