Agosto 2015
DLMMJVS
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031 

 
¿Estás intercediendo por los demás? Enviar esta meditación

Colosenses 1:9-14
“Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios.”


“Interceder” quiere decir mediar por otro, pedir a alguien un favor para otra persona. Cuando los cristianos hablamos de intercesión nos estamos refiriendo al acto de orar pidiendo a Dios que bendiga a una o más personas. Cuando acudimos al Señor rogando por su favor para alguien que tiene algún tipo de necesidad ya sea física, material o espiritual, estamos intercediendo.

En la Biblia encontramos muchos ejemplos relativos a la intercesión. Nuestro Señor Jesucristo, poco tiempo antes de su muerte, elevó una oración al Padre intercediendo por sus discípulos y también por todos los que hemos creído en él. Así oró Jesús: "Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos." (Juan 17:20). En Efesios 6:18 dice que debemos mantenernos “orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos.” Y en su Epístola a los Romanos, el apóstol Pablo les pide que intercedan por él. Dice Romanos 15:30: “Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios.”

El pasaje de hoy, parte de la carta de Pablo a los colosenses, nos muestra su oración por la Iglesia de Colosas. Aquí vemos un excelente modelo de oración intercesora que cualquier creyente puede imitar al pedir por los demás. Cuando Pablo va delante del trono celestial para interceder por los creyentes colosenses, su petición incluye:

Que sean llenos del conocimiento de la voluntad de Dios.
Conocer la voluntad de Dios es imprescindible en la vida del creyente. Se empieza por un conocimiento general de su palabra y a medida que establecemos una relación íntima con él, vamos conociendo aspectos más específicos de su voluntad. Una vez conocemos la voluntad de Dios debemos obedecerla aunque sintamos enormes deseos de hacer lo contrario. Cuando lo hacemos recibiremos muchas bendiciones y viviremos una vida de paz y felicidad.

Que anden como es digno del Señor.
Cuando tú le pides al Señor que ayude a alguien a andar como es digno de él, le estás pidiendo que obre en la vida de esa persona para que sea un testimonio por medio del cual Dios pueda ministrar a los que necesitan de él. Esto no sucede de la noche a la mañana, es más bien un proceso en el cual el Espíritu Santo lleva a cabo una transformación profunda arrancando todo aquello que no glorifica el nombre de Dios, produciendo su fruto y creando una nueva actitud agradable al Señor, por medio de la cual otros llegan al conocimiento de Dios.

Que lleven fruto en toda buena obra.
Ese nuevo comportamiento de aquellos que buscan y obedecen la voluntad de Dios produce en ellos “frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios”, dice Filipenses 1:11. También Jesús dijo: “Por sus frutos los conoceréis.” (Mateo 7:16). Si Cristo es el centro de tu vida, entonces tu carácter, conducta y conversación deben dar fruto para su reino.

Que crezcan en el conocimiento de Dios.
Llegar a conocer a Dios íntimamente debe ser el objetivo principal de todo creyente. Y esto sólo es posible por medio de la lectura de la Biblia diariamente, meditando en ella y pasando tiempo en oración. La palabra de Dios dice que cuando aceptamos a Jesucristo como Salvador, nacemos de nuevo, es decir somos bebitos espirituales. Desde ese momento debemos tratar de crecer espiritualmente, y no quedarnos en ese estado inicial.

Hagamos nuestra esta oración del apóstol Pablo, primero para reafirmarnos en los principios del evangelio de Cristo y continuar nuestro crecimiento espiritual, y segundo para interceder por los demás de manera que en ellos se cumpla la voluntad de Dios por medio de la obra del Espíritu Santo.

ORACION:
Padre celestial, te doy gracias por el privilegio de interceder delante de tu trono de gracia por mis hermanos en la fe, y por aquellos amigos y familiares que no te conocen para que tu Santo Espíritu haga en ellos la obra que tú deseas. En el nombre de Jesús, Amén.