Octubre 2014
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¿En qué etapa te encuentras? Enviar esta meditación

Romanos 6:20-22
“Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia. ¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte. Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.”


La santificación es un proceso durante el cual el Espíritu Santo actúa en una persona con el fin de lograr cambios profundos en ella, limpiando la suciedad del pecado, obrando en su mente y su corazón, eliminando hábitos y costumbres mundanas, es decir ejerciendo una verdadera transformación que tiene como fin que se cumpla el objetivo fundamental de Dios de que lleguemos a ser “conformes a la imagen de su Hijo”, según dice Romanos 8:29. El proceso de santificación comienza en el momento que aceptamos a Jesucristo como nuestro Salvador. En ese momento “nacemos” espiritualmente, y somos sellados con el Espíritu Santo (Efesios 1:13). La función fundamental del Espíritu Santo es guiarnos y ayudarnos a llevar a cabo el proceso de santificación en nuestras vidas.

En su libro “Stages of Sanctification” (“Etapas de la Santificación”) el autor Fred Hutchison escribe lo siguiente: “La santificación es un proceso dinámico de crecimiento espiritual, durante el cual somos progresivamente liberados del poder del pecado.” En su libro, Hutchison menciona las siguientes etapas en el proceso de santificación: el nuevo nacimiento, el bebé espiritual, el niño espiritual, el adolescente espiritual, el adulto espiritual, y el padre espiritual. En cada etapa, el creyente que va madurando encuentra nuevos desafíos, pruebas y oportunidades de crecer.

Todas estas etapas pueden resumirse en dos períodos fundamentales: Primeramente la infancia. El apóstol Pablo escribe en 1 Corintios 13:11a: “Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño…” Y finalmente la etapa de un adulto espiritual, a la cual se refiere Pablo en la segunda parte de este versículo: “...mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.” En esta última etapa se puede observar la transformación en el comportamiento de la persona. Su manera de hablar cambia; muchas cosas que antes decía ya no las dice, su vocabulario ya no es el mismo, y los demás se dan cuenta. Sus principios y valores son distintos a los de antes, y su manera de actuar es totalmente diferente.

Para aquellos que están dando los primeros pasos en esta transformación, el apóstol Pedro tiene un consejo que deben seguir al pie de la letra. Dice 1 Pedro 2:2: “Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación.” A medida que el creyente se alimenta con esta “leche espiritual no adulterada” (la Palabra de Dios), va creciendo espiritualmente, y progresivamente va dejando de ser un niño para llegar a la etapa de un adulto espiritual. La meta es “que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error.” (Efesios 4:13-14).

¿En qué etapa te encuentras en el proceso de santificación? No olvides que Dios quiere eliminar de ti todo aquello que impide realizar su propósito de que llegues a la madurez espiritual y la santidad. Sólo tienes que permitir al Espíritu Santo que lleve a cabo en ti su obra de santificación. Entrega tu vida a Cristo, busca una íntima comunión con Dios, escudriña su palabra, dedica tiempo a la oración, busca oportunidades de servir al Señor. Comenzarás a experimentar cambios profundos en tu vida, y te irás pareciendo cada vez más a Jesucristo.

ORACION:
Amante Padre celestial, yo quiero ser santo como tú eres santo. Por favor ayúdame a rendirme a la acción transformadora de tu Espíritu, de manera que el proceso de santificación se lleve a cabo en mi vida conforme a tus planes. En el nombre de Jesús, Amén.