Abril 2016
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¿Vas tú en el camino de la santidad? Enviar esta meditación

1 Tesalonicenses 5:23
“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.”


A través de toda la Biblia Dios ha llamado a su pueblo a que sean santos. Por ejemplo, en Levítico 20:7, a través de Moisés, Dios dice: “Santificaos, pues, y sed santos, porque yo Jehová soy vuestro Dios.” Y en Levítico 19:2, Dios declara: “Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios.” En el pasaje de hoy el apóstol Pablo expresa una bendición a los creyentes de la iglesia de Tesalónica cuando les dice: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo.” También el apóstol Pedro escribió en su primera carta a “los expatriados de la dispersión” lo siguiente: “Como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir.” (1 Pedro 1:15).

En las Escrituras encontramos en varios lugares la palabra “santificación” o "santificar". "Santificar" significa "hacer santo" o "separar algo para un uso sagrado". Cuando creímos y aceptamos a Jesucristo como nuestro Salvador fuimos justificados, es decir nuestros pecados fueron perdonados. Fuimos entonces sellados por el Espíritu Santo (Efesios 1:13), y separados para un propósito sagrado. En ese momento fuimos considerados santos, es decir “separados para Dios”. En su primera carta a la iglesia de Corinto, Pablo se dirige a ellos de la siguiente manera: “A los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo.” Este es el primer paso en la vida del creyente. Cuando nacemos de nuevo por medio de la sangre de Cristo fuimos adoptados como hijos de Dios y ahora estamos viviendo bajo la gracia de Dios.

Después viene el segundo paso. El Espíritu Santo, que viene a morar en nuestros corazones, comienza su obra de santificación en nuestras vidas. Este es un proceso por medio del cual vamos siendo transformados con el fin de llegar a ser imagen de nuestro Señor Jesucristo. Es importante entender que este proceso de santificación es totalmente obra de Dios. Ningún ser humano es santo en sí mismo, ni puede llegar a ser santo por sus propios medios. Somos santificados solamente por la gracia de Dios y el poder del Espíritu Santo. Pero es importante entender también que si bien Dios tiene la capacidad de santificarnos, es nuestra la responsabilidad de permitir la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas.

¿Cuál es, pues, nuestra responsabilidad en este proceso de santificación? En primer lugar, entender y reconocer que somos salvos no por lo que hemos hecho (por buenas que nos parezcan nuestras obras), sino por la gracia y la misericordia de Dios (Efesios 2:8-9). En segundo lugar, preparar nuestros corazones para conocer y amar a Dios como nuestro Padre celestial, leyendo la Biblia y orando diariamente, meditando en esta palabra, aprendiéndola y poniéndola en práctica. De esta manera sentamos las bases para que el Espíritu Santo lleve a cabo su obra en nuestras vidas. A medida que el proceso de santificación se va llevando a cabo en nosotros nos iremos acercando más a Dios y nos iremos alejando de los deseos carnales y las costumbres que teníamos antes de ser justificados. Así podremos disfrutar más de su presencia, la cual trae a nuestras vidas paz, gozo y muchas otras bendiciones.

Agradece a Dios su amor y su gracia purificadora. Alábale por haberte justificado, poniéndote aparte para un propósito específico dentro de su santo plan. Busca su rostro en oración cada día de tu vida y pídele que te capacite para ser dócil y obediente ante la obra que el Espíritu Santo está llevando a cabo en tu vida.

ORACION:
Padre santo, gracias por haberme separado con el fin de transformar mi naturaleza pecaminosa hasta llegar a ser imagen de tu Hijo Jesucristo. Te ruego aumentes mi fe y me capacites para no ser un obstáculo en la obra de santificación de tu Santo Espíritu en mi vida. En el santo nombre de Jesús, Amén.