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| ¿Quién es tu padre espiritual? Enviar esta meditación
Gálatas 4:4-7
“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.”
Cuando, hace más de dos años, falleció el famoso cantante norteamericano Michael Jackson, casi inmediatamente comenzaron a surgir especulaciones acerca de quienes serían los herederos de sus muchas posesiones. En medio de todo esto, muchos se preguntaron si él sería el verdadero padre de sus tres hijos, debido en primer lugar a que las características físicas de los tres niños son muy diferentes a las de Michael Jackson. Incluso, algunos medios noticiosos sugirieron la posibilidad de que se hubiera utilizado el método de la inseminación artificial con muestras provenientes de uno o más hombres, con las cuales fueron fecundadas dos mujeres diferentes, las que dieron a luz a estos niños. Es decir, a ciencia cierta no se sabe quién es el padre biológico de esos tres niños.
Sin duda esto es muy importante, pero aun más importante y mucho más trascendental es el asunto de la paternidad espiritual, ya que esta determina donde vamos a morar por toda la eternidad. La gran pregunta es, entonces, ¿quién es tu padre espiritual? Erróneamente muchos piensan que todos somos “hijos de Dios”. Y algunos hasta se ofenden si les dicen lo contrario. Sin embargo, la Biblia dice en Malaquías 2:10: “¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios? ¿Por qué, pues, nos portamos deslealmente el uno contra el otro, profanando el pacto de nuestros padres?” Es decir, todos fuimos creados por Dios, pero cuando se trata de la relación espiritual con el Señor podemos encontrar grandes diferencias en el comportamiento de unos y de otros.
Para entender esto es necesario que nos remontemos al principio de la Creación. Dios creó a Adán y a Eva como sus hijos. Los hizo a su imagen y semejanza y por lo tanto sus pensamientos y su carácter eran semejantes a los de Dios. Entre ellos y el Señor había una relación de amor, de comunión y de comprensión mutua. Todo marchaba perfectamente bien, hasta que hizo su aparición el pecado a través de la desobediencia. Desde el momento en que pecaron, Adán y Eva perdieron el privilegio de ser hijos de Dios, sus espíritus murieron y pasaron entonces a ser hijos de Satanás. Después de eso y hasta nuestros días esa diabólica paternidad ha ido pasando de generación en generación. Así les dijo Jesús a un grupo de judíos que se autonombraban hijos de Abraham, y por lo tanto hijos de Dios: “Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais. Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer.” (Juan 8:42-44).
La Biblia dice que nosotros estábamos muertos espiritualmente, y “éramos por naturaleza hijos de ira”, pero cuando se manifestó la infinita misericordia de Dios, él nos dio nueva vida (Efesios 2:1-9). El pasaje de hoy nos afirma que esto fue posible por medio del sacrificio de su Hijo. Cuando creemos y aceptamos a Jesucristo como nuestro salvador, somos adoptados por Dios como sus hijos, lo cual nos hace herederos de todas las riquezas celestiales, y entonces podemos llamarle “Padre”. Finalmente, Juan 1:12 declara: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.”
Si has aceptado a Cristo como tu salvador, ¡Gloria sea al Señor! Pero si no lo has hecho, cree en tu corazón que Jesucristo es el Hijo de Dios, que Dios lo levantó de los muertos y confiésalo con tus labios. Entonces serás salvo, y con toda autoridad podrás llamar a Dios “Padre”.
ORACION:
Bendito Dios, ¡qué enorme privilegio poder llamarte Padre! Gracias por Jesucristo, gracias por su sangre derramada en la cruz, gracias por la vida eterna que me ofreces a través de él. En el nombre de Jesús, Amén.
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