Septiembre 2010
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Hebreos 5:11-14
“Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír. Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.”


El autor de la carta a los Hebreos se dirige a un grupo de judíos que se habían convertido, pero no mostraban progreso en su crecimiento espiritual. O sea, “después de tanto tiempo” debían haber sido ya lo suficientemente maduros como para enseñar a otros, sin embargo todavía era necesario enseñarles a ellos los fundamentos más básicos de la palabra de Dios. Eran como bebés lactantes necesitados de atención, y que no producían fruto espiritual. En el próximo versículo se les exhorta a que progresen en su crecimiento espiritual. Dice: “Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección...” (Hebreos 6:1).

La vida cristiana no es un evento. Es un proceso, es un peregrinar con propósito. El deseo de Dios es que sus hijos sean conformes a la imagen de su Hijo Jesucristo, por lo tanto debemos estar creciendo, madurando y pareciéndonos más a Cristo cada día de nuestras vidas. Las etapas de nuestra vida espiritual progresan de la incredulidad a la salvación y al servicio. Antes de la conversión, nadie conoce al Señor; ya sea que hayan sido criados en un hogar cristiano o no, cada individuo tiene que tomar una decisión en su corazón de aceptar a Cristo o de rechazarlo. Una vez que hemos reconocido que somos pecadores, hemos clamado por el perdón de nuestros pecados y hemos entregado nuestro corazón al Señor aceptando su sacrificio en la cruz, entonces somos adoptados en la familia de Dios y llegamos a ser herederos junto con Cristo. Gálatas 4:4-7 dice: "Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo."

Ahora, en lugar de vivir en nuestra propia fuerza, somos guiados por la Palabra de Dios, dependiendo en su poder para soportar las pruebas de la vida. Pero no todo en la vida del creyente son dificultades, Dios envió a su hijo para que tengamos vida abundante. Siendo herederos juntamente con Cristo poseemos algo que los otros no tienen, una bendición interior que nos lleva a la fortaleza, a la sabiduría y a la victoria.

Tu parte en este proceso es buscar el rostro del Señor en oración cada día de tu vida, leer su palabra, meditar en ella y aplicarla en tu diario vivir. De esta manera el Espíritu Santo hará en tu vida su obra transformadora y experimentarás crecimiento espiritual. Entonces comenzarás a disfrutar de la verdadera libertad espiritual y a manifestar ese crecimiento amando, bendiciendo y sirviendo a aquellos que te rodean. Así dice Gálatas 5:13: “Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros.”

ORACION:
Padre santo, te doy gracias una vez más por Jesucristo y por las bendiciones que, a través de él, has traído a mi vida. Capacítame por medio de tu Santo Espíritu, para que yo pueda continuar mi crecimiento espiritual, y sea un instrumento de servicio a los que me rodean y un testimonio que glorifique tu nombre. Por Cristo Jesús te lo pido, Amén.