Febrero 2017
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¿En quien tienes puesta tu mirada? Enviar esta meditación

Hebreos 11:23-29
“Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres por tres meses, porque le vieron niño hermoso, y no temieron el decreto del rey. Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón. Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible. Por la fe celebró la pascua y la aspersión de la sangre, para que el que destruía a los primogénitos no los tocase a ellos. Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca; e intentando los egipcios hacer lo mismo, fueron ahogados.”


¿Te encantan las pruebas y las dificultades? ¡Por supuesto que no! A nadie le gusta pasar por tiempos difíciles. Pero todos sabemos que a lo largo de nuestras vidas vamos a encontrar muchas situaciones adversas. La pregunta es: ¿Cómo debemos enfrentar esos problemas? La Biblia nos enseña que la clave es poner nuestra confianza en el Señor. En Juan 16:33, Jesús les dice a sus discípulos: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.”

Los capítulos 2 y 3 del libro de Éxodo narran acerca de la vida de Moisés desde su nacimiento hasta que fue llamado por Dios con el fin de liberar a los israelitas de la esclavitud en Egipto. El pasaje de hoy nos cuenta que Moisés se enfrentó a grandes problemas durante toda su vida, y de todos ellos salió adelante. Desde luego esto no fue fácil. Pero Moisés siguió siempre la dirección del Señor y confió en que él le conduciría a la victoria. Dice este pasaje que él “tenía puesta la mirada en el galardón”, y dice también que “se sostuvo como viendo al Invisible.” Esta es la clave de una vida victoriosa: mantener la mirada fija en la meta y confiar en el Dios todopoderoso en todas las circunstancias.

¿Pero acaso Dios nos da problemas intencionalmente? En ocasiones sí, pero cuando lo hace siempre es con un buen propósito. Toda prueba o dificultad es una oportunidad para dar un paso adelante en nuestro crecimiento espiritual. Por eso el apóstol Santiago pudo hacer una afirmación que a muchos parece una locura. Dice Santiago 1:2-4: “Tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.” Cuando pasamos por pruebas desarrollamos paciencia, y a medida que hacemos uso de esa paciencia se va desarrollando en nosotros el carácter de Cristo, lo cual es el propósito fundamental de Dios según declara Romanos 8:29.

En una ocasión un niño observaba como un gusano trataba de salir del capullo como parte del proceso de convertirse en una mariposa. Con el fin de ayudar el niño tomó el capullo entre sus manos y lo abrió permitiendo de esta manera que el insecto saliera al exterior. Lamentablemente no duró mucho tiempo viva. El niño, aunque con buena intención, no había permitido que la mariposa fortaleciera sus alas a través del proceso natural y por lo tanto no estaba preparada para la vida. Eso es precisamente lo que Dios quiere lograr en cada uno de nosotros a través de las pruebas: fortalecernos. Porque él sabe que vamos a necesitar esa fortaleza para triunfar en las pruebas que se presenten.

Al igual que Moisés “tenía puesta la mirada en el galardón”, Dios quiere que nosotros mantengamos nuestra mirada fija en la victoria que él tiene para nosotros. Hebreos 12:2 nos exhorta a que “corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe.” Si estás en medio de una prueba confía plenamente que Dios está en control y está al tanto de tu situación. Busca su rostro en oración, lee su palabra y aplícala a tu vida diariamente. Mantén tu mirada fija en el Señor. Recuerda que él venció en la cruz del Calvario y esa victoria es tuya. ¡Decláralo con absoluta confianza!

ORACION:
Padre santo, te doy gracias porque las pruebas que tú permites en mi vida siempre tienen un buen propósito. Ayúdame a enfrentarme a ellas confiado en que tú estás en control y me conducirás a la victoria. En el nombre de Jesús, Amén.