Octubre 2007
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¿Estás dependiendo totalmente de Dios? Enviar esta meditación

Juan 15:1-7
“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.”


En su libro “Cómo vivir dependiendo de Dios”, Joanie Yoder escribe lo siguiente: “Mi vida estaba llena de ansiedad y temor, pero yo no estaba conciente de ello. Yo era capaz de disimularlo, al igual que muchas personas lo hacen, hasta que pasé una experiencia que me hizo caer hasta “el fondo del pozo”. Fue entonces cuando me vi forzada a enfrentarme a mis ansiedades, mis angustias, mis temores, mis desasosiegos.” Joanie Yader, sin saberlo, estaba padeciendo de agorafobia, es decir sentía mucho miedo al encontrarse sola en un lugar o en una situación en la cual no pudiese recibir ayuda o huir inmediatamente en busca de “seguridad”. Llegó un momento en que sentía temor hasta de ir al supermercado. Era tan intenso, que muchas veces sentía pánico y comenzaba a sudar copiosamente; así es que interrumpía sus compras, dejaba a un lado el carrito y salía apresuradamente con el fin de irse para su casa. Tan pronto llegaba, inmediatamente sentía un gran alivio y volvía a sentirse “segura y a salvo”.

Escribió la señora Yader: “Yo había aceptado a Cristo como mi Salvador, pero estaba tan encerrada en mi misma y en mi propia autosuficiencia que me había perdido el propósito fundamental para el cual Dios me había creado. Un día me di cuenta que debía aferrarme a la suficiencia de Cristo y permitirle que hiciera cambios en mi vida. Dios empezó a rehabilitarme, de acuerdo a lo que escribió el apóstol Pablo en Filipenses 1:6, “El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.” El Señor entonces me mostró cuatro reglas que cambiaron profundamente mi vida: leer, orar, confiar y obedecer. Leer la Biblia, pasar tiempo en oración y comunión con mi Padre celestial, confiar en Dios y soltar en sus manos todas aquellas cosas que no podemos controlar y obedecerle en aquellas sobre las que podemos tener control. Con el tiempo se hizo evidente que los mismos principios que me ayudaron en una crisis, podrían ciertamente ayudarme todo el tiempo. Así, la dependencia de Dios se convirtió en mi estilo de vida. El resultado fue un mayor crecimiento y capacidad fructífera.”

Este precioso testimonio de Joanie Yoder nos muestra de manera muy clara la verdad que encierran las palabras de Jesús en el pasaje de hoy: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.” El asunto no es que los pámpanos son mejores cuando están unidos a la vid. Es que si no están unidos, los pámpanos se marchitan y se mueren. El Señor nos está exhortando a que vivamos en total y constante dependencia de él. A menos que permanezcamos en la vid, es imposible que llevemos fruto. La escritora Catherine Marshall una vez dijo que “el mayor descubrimiento que podemos hacer es darnos cuenta que nuestras propias fuerzas no son suficientes.” Es entonces cuando el poder de Dios se perfecciona en nuestra debilidad (2 Corintios 12:9).

Un creyente que leyó el libro “Cómo vivir dependiendo de Dios”, dijo: “Yo creo que Joanie Yoder ¡depende demasiado de Dios!” ¿Es posible depender demasiado de Dios? ¿Acaso puede un pámpano depender sólo a medias de la vid?

¿Qué clase de pámpano eres tú? ¿Estás dependiendo totalmente de la vid verdadera, nuestro Señor Jesucristo? Recuerda que sólo así llevarás mucho fruto, y tu Padre será glorificado. Y todo lo que pidieres será hecho.

ORACION:
Mi Padre amado, ayúdame a depender totalmente de ti, no sólo en las situaciones que están fuera de mi control, sino también en aquellas en las que normalmente me parece que puedo actuar por mis propias fuerzas e inteligencia. En el nombre de Jesús, Amén.