Abril 2023
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Lucas 10:38-42
“Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.”


Cuando esto sucedió, Jesús iba camino a Jerusalén a morir. Todo su ser estaba envuelto en una batalla intensa por poner sobre su propia voluntad la voluntad del Padre. Pensando en la cruz que le esperaba, en medio de la tensión tan grande por la que estaba pasando, había ido a aquel hogar de la aldea llamada Betania tratando de alejarse del bullicio de la multitudes y compartir por un rato con aquella amada familia. Cuando Jesús llegó a la casa, Marta se dispuso a celebrar la ocasión por todo lo alto. Por lo tanto hacía muchas cosas: cocinaba, organizaba, limpiaba lo que estaba sucio, tratando de que todo luciera lo mejor posible. María, por el contrario, se sentó a los pies del Maestro y muy atentamente escuchaba sus palabras.

Marta amaba a Jesús tanto como lo amaba María. Pero cuando Marta quiso mostrar su amabilidad haciendo tantas cosas, en realidad no fue de ayuda porque el corazón de Jesús clamaba por silencio y tranquilidad. María lo entendió y estaba en paz. Marta no lo entendió y estaba enojada: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo lo que estoy haciendo, mientras ella no hace nada?” Jesús le contestó: “Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas.” La palabra griega usada en el original para definir afán, significa “preocuparse excesivamente”. Jesús no le está reprochando a Marta su deseo de tener la casa limpia, o de preparar la comida, simplemente está tratando que ella entienda que se está preocupando demasiado por cosas que realmente no eran tan importantes en aquel momento.

Continúa diciendo Jesús: “…pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.” ¡Sólo una cosa es necesaria! ¡Cuánta verdad encierran estas palabras! Salud, dinero, prosperidad, posición social, todas estas cosas son buenas, pero no pueden llamarse necesarias. La gracia de Dios que nos da la salvación de nuestras almas es la única cosa necesaria. “María ha escogido la buena parte.” No quiere esto decir que la otra es mala, sino que ella escogió la mejor. La que es buena en tiempo de enfermedad y en tiempo de salud, buena en la juventud y en la vejez, buena en la adversidad y en la prosperidad, buena en vida y buena en muerte, buena temporalmente y buena en la eternidad. Ninguna circunstancia, ninguna situación puede imaginarse en la cual no resulte de beneficio al ser humano tener la gracia de Dios.

Los afanes de esta vida generalmente nos llevan a un estado de tensión y de ansiedad que afectan nuestra salud física, mental y espiritual. Es necesario que demos prioridad a pasar un tiempo de paz y tranquilidad con el Señor diariamente. Después, las demás cosas se irán resolviendo mucho más fácilmente de lo que podemos imaginar. En Mateo 6:33, Jesús dice a sus discípulos: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” El Señor se estaba refiriendo a las cosas básicas para nuestra subsistencia, la comida, la bebida, la ropa, pero todo aquello que en algún momento puede ser causa de preocupación en nuestras vidas está incluido en esta declaración del Señor.

En aquella ocasión Jesús deseaba compartir tranquilamente con Marta y María. Igualmente hoy, su Espíritu Santo anhela una comunión contigo. No te preocupes demasiado por las cosas que te rodean (como Marta), y sigue el ejemplo de María. Dedica un tiempo diariamente a buscar una comunión con el Señor leyendo la Biblia, meditando y orando. De esta manera podrás experimentar la inefable paz de Dios.

ORACION:
Padre santo, te ruego me des el discernimiento espiritual que necesito para reconocer cuando estoy afanándome por las cosas de este mundo. Ayúdame a ponerte a ti en primer lugar en mi vida, sabiendo que entonces tú tendrás cuidado de todo lo demás. En el nombre de Jesús, Amén.