Junio 2013
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¿Estás conciente de la presencia de Dios? Enviar esta meditación

Salmo 5:1-3
“Escucha, oh Jehová, mis palabras; considera mi gemir. Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, porque a ti oraré. Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti, y esperaré.”


Muchas veces, los creyentes creemos que estamos muy bien, que nuestra relación con Dios es excelente, pero quizás no estemos disfrutando al máximo de una íntima comunión con el Señor ni estemos siempre totalmente concientes de lo que estamos haciendo en el aspecto espiritual, aunque estemos tratando de progresar en esta área.

Una pequeña historia cuenta que un hombre estaba dragando, o sea sacando lodo del fondo del mar usando una maquinaria instalada en su bote. Poco a poco el bote se iba llenando con el fango sacado del fondo, y llegó un momento en que el lodo se deslizaba y caía al agua por el lado contrario al que este hombre estaba dragando. Pero aún así él seguía extrayendo más y más lodo de manera automática. Mucho esfuerzo y muy poco provecho. Y el operador seguía dragando sin pensar.

Este hombre estaba sacando fango del fondo del mar con el fin de limpiarlo. Se suponía que cada vez que el bote estuviese lleno, él lo llevara a algún lugar para botar el fango y una vez vacío el bote regresara a continuar dragando más fango del fondo. Sin embargo, él llevaba a cabo esta operación sin pensar, como una rutina inconciente, como algo que tenía que hacer y simplemente lo hacía mecánicamente sin darse cuenta que mientras él sacaba fango por un lado, por el otro lado el fango volvía a caer al mar, haciendo inútiles sus esfuerzos.

Los cristianos corremos el peligro de caer en una vida espiritual mecánica, haciendo las cosas como una rutina, en lugar de buscar cada día al Señor, de una manera conciente, dinámica, con expectativa, esperando algo nuevo de él. ¡Cuántas cosas preciosas que el Señor quiere que disfrutemos nos perdemos cada día! Por eso muchas veces debemos hacer un alto, y entregarnos de lleno a buscar una íntima comunión con el Señor. Lamentaciones 3:23 dice que las misericordias de Dios son nuevas cada mañana. Por eso al levantarnos en la mañana debemos dar gracias a Dios por el nuevo día y entregarnos a un tiempo de genuina adoración y lectura de la Palabra. David solía levantarse muy temprano a tener un tiempo de comunión con el Señor. En el Salmo 63:1 escribió: “Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela.” Y en el pasaje de hoy, él se compromete a presentarse ante el Señor cada mañana. También el profeta Isaías expresó este mismo anhelo al escribir: “Con mi alma te he deseado en la noche, y en tanto que me dure el espíritu dentro de mí, madrugaré a buscarte.” (Isaías 26:9).

Esta actitud refleja el deseo profundo de la presencia de Dios, el hambre y la sed de su compañía y el anhelo ferviente de crecer en intimidad con él. No significa ir al Señor cargados con peticiones para que él supla nuestras necesidades. Buscarle con fervor puede incluir necesidades y peticiones, pero la verdadera búsqueda va mucho más allá. Significa desarrollar una relación íntima en la que el foco principal no sea solamente suplir nuestras necesidades materiales, sino disfrutar plenamente de su santa presencia. Cuando ésta es la actitud de nuestro corazón, Dios nos promete que le hallaremos. Hallarle a él siempre resulta en que todas nuestras necesidades, físicas, materiales, emocionales y espirituales son suplidas. Habiendo experimentado esto, ya siendo un anciano, David escribió el Salmo 37, y allí dice: “Deléitate asimismo en el Señor, y él te concederá las peticiones de tu corazón.”

¿No sientes en tu corazón ese ferviente deseo de pasar tiempo a solas con tu Padre celestial? Entrégale a Dios en este día toda esa fría religiosidad que te ha impedido disfrutar plenamente de su compañía y comienza a deleitarte en él. Hazte el firme propósito de buscar el rostro del Señor cada día, y pasar un tiempo de comunión con él. Hazlo con fervor, con expectativa, con ansias en tu corazón de disfrutar de su presencia, sabiendo que “en su presencia hay plenitud de gozo”, dice el Salmo 16:11. Entonces experimentarás durante todo el día la paz y el gozo del Señor.

ORACION:
Padre santo, yo anhelo vivir en constante comunión contigo. Ayúdame a levantarme cada día con una clara conciencia de tu presencia en mi vida y un corazón dispuesto a adorarte como sólo tú mereces. En el nombre de Jesús, Amén.