Agosto 2012
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¿Por qué debemos congregarnos? Enviar esta meditación

Hebreos 10:23-25
“Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.”


Un miembro de una iglesia escribió una carta al editor de una revista cristiana, en la cual decía que no tenia ningún sentido ir a la iglesia cada domingo. “Yo he estado yendo por 30 años”, escribió, “y en ese tiempo he oído alrededor de 30,000 sermones. Pero puedo asegurarle que no recuerdo uno solo de ellos. Así que creo que estoy perdiendo mi tiempo en ir a la iglesia, y quizás deba emplearlo en algo más productivo.” Esto creó una especie de controversia en la sección “Cartas al Editor”, y muchas personas comenzaron a escribir compartiendo sus opiniones al respecto. Esto continuó por varias semanas, hasta que alguien escribió la siguiente carta, la cual puso punto final a la discusión: “Yo he estado casado por 30 años. Durante ese tiempo, mi esposa ha cocinado unas 30,000 comidas. Pero, actualmente, yo no puedo recordar el menú completo de ni siquiera una de esas comidas. Sin embargo, yo sí puedo asegurarle que todas ellas me nutrieron y me dieron la fuerza que necesité cada día para hacer mi trabajo. Si mi esposa no me hubiera dado esas comidas, yo estaría físicamente muerto en estos momentos. De la misma manera si no hubiera ido a la iglesia a nutrirme, actualmente yo estaría espiritualmente muerto.”

Ciertamente es esta una magnífica ilustración que muestra la necesidad de congregarnos. El pasaje de hoy nos exhorta a hacerlo, con el fin de “estimularnos al amor y a las buenas obras.” La única manera de mantenernos sin fluctuar y firmes en aquello que hemos creído es alimentando nuestras almas con la palabra de Dios y buscando su presencia en todo momento, ya sea a solas en nuestra habitación o reunidos con un grupo de hermanos que persigan el mismo objetivo. Pero la Biblia nos exhorta a establecer una relación con los demás creyentes, ya que todos somos parte del cuerpo de Cristo y juntos tenemos una importante labor que llevar a cabo aquí en la tierra. Romanos 12:5 dice: “Así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.” Al igual que un profesional del físico culturismo se preocupa por desarrollar cada músculo de su cuerpo tratando de obtener la perfección física, los miembros de la iglesia de Cristo deben reunirse en busca de “la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”, dice Efesios 4:12-13.

Cuando la iglesia se reúne suceden cosas maravillosas, pues hay un poder adicional que se manifiesta en ese grupo. Así declaró Jesús en Mateo 18:20: “Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” La Biblia nos narra en Hechos capítulo 2 la poderosa manifestación del Espíritu Santo el día de Pentecostés, la cual comenzó de esta manera: “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos...” Aquel grupo de hombres y mujeres habían permanecido reunidos en el aposento alto, perseverando en oración mientras esperaban que se llevara a cabo lo que Jesús les había prometido justo antes de ascender al cielo. Entonces el Espíritu Santo se presentó en medio de un fuerte estruendo y con lenguas de fuego, y todos ellos recibieron el poder del cual el Señor les había hablado.

Hay, sin duda, un propósito divino en la exhortación del autor de la Epístola a los Hebreos en el pasaje de hoy. Debemos buscar una íntima comunión con el Señor cada día en nuestros hogares, pero además no debemos dejar de congregarnos con nuestros hermanos durante la semana. Así podremos declarar como David en el Salmo 133:1: “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!”

ORACION:
Gracias, Padre amado, por tu presencia entre tus hijos que se congregan para adorarte y alabarte. Danos la fuerza y el poder para mantener la unidad que tú deseas y así llevar a delante la misión que tú has encomendado a tu pueblo. En el nombre de Jesús, Amén.