Septiembre 2007
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Corrige a los demás amablemente Enviar esta meditación

2 Timoteo 2:23-26
“Pero desecha las cuestiones necias e insensatas, sabiendo que engendran contiendas. Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él.”


El mundo en que vivimos es cada vez más corrupto, la maldad se multiplica por día, la hostilidad hacia todo lo que se refiere a Dios aumenta constantemente. Aun así, en medio de todas estas circunstancias negativas, las mismas reglas y principios que debían caracterizar a un siervo del Señor en los tiempos del apóstol Pablo se mantienen en la actualidad. En el pasaje de hoy, Pablo exhorta a su hijo espiritual Timoteo a que sea amable con todos, pero firme en sus principios cristianos. Que corrija con mansedumbre a los que se oponen, y que no sea contencioso, sino más bien que esté listo para enseñar a los demás. Esta debe ser nuestra manera de actuar. La amabilidad y el respeto deben definir nuestro testimonio a un mundo incrédulo.

Cuando, por orden del rey Nabucodonosor, el joven Daniel y otros jóvenes israelitas fueron llevados a Babilonia para ser entrenados en “las letras y la lengua de los caldeos” (Daniel capítulo 1), se les designó “ración para cada día, de la provisión de la comida del rey, y del vino que él bebía.” (v.5). Y dice la Biblia que “Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse.” Daniel defendió sus principios en medio de una cultura pagana, y decidió no contaminarse con comida y bebida que Dios había dicho estaban prohibidas para los judíos. Por eso pidió a sus aprehensores otro menú para él y sus amigos. En vez de mostrar intransigencia y negarse a comer, Daniel pidió permiso para adoptar otra dieta. Al negarse el oficial en principio, Daniel prosiguió hacia su meta haciendo una petición amable al jefe de los eunucos: “Te ruego que hagas la prueba con tus siervos por diez días, y nos den legumbres a comer, y agua a beber. Compara luego nuestros rostros con los rostros de los muchachos que comen de la ración de la comida del rey, y haz después con tus siervos según veas.” Así les fue concedido, y “al cabo de los diez días pareció el rostro de ellos mejor y más robusto que el de los otros muchachos que comían de la porción de la comida del rey.” (v.15) Podemos aprender del ejemplo de Daniel, el cual adoptó una posición osada para honrar a Dios, pero actuó con amabilidad y prudencia en vez de asumir una actitud negativa y contenciosa.

También el apóstol Pedro, en su primera carta, hace énfasis en estos principios. El escribió: “Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros.” (1 Pedro 3:15) Debemos estar siempre preparados para defender la razón de nuestra esperanza, es decir la palabra de Dios, el evangelio de Jesucristo. Hablemos de la única verdad con firmeza y autoridad, pero a la vez con humildad, con amabilidad y con reverencia. No hemos de transigir en nuestro compromiso con Cristo, sino que hemos de estar siempre dispuestos para contestar a cualquiera que nos pregunte acerca de la base de nuestra esperanza. Pero no olvidemos actuar amablemente de manera que honremos al Señor con nuestro testimonio.

ORACION:
Mi bendito Dios y Padre celestial, te ruego me des sabiduría para testificar de ti, y llenes mi corazón de tu amor y tu bondad para poder hacerlo con amabilidad y mansedumbre, de manera que tu nombre sea glorificado. Por Cristo Jesús, Amén.