Septiembre 2012
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Santiago 4:13-17
“¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello. Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala; y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.”


Para entender lo que el apóstol Santiago quiere decirnos, tenemos que remontarnos a lo que estaba sucediendo cuando él escribió este pasaje. En aquella época se estaban fundando muchas nuevas ciudades, y a menudo, cuando los fundadores buscaban pobladores para las mismas, ofrecían libremente la ciudadanía a los judíos, pues estos tenían fama de ser muy buenos comerciantes, y donde ellos llegaban también llegaban los negocios y el dinero. Así es que muchos, deseosos de hacerse ricos, planeaban trasladarse a una de estas nuevas ciudades, y quizás trabajar allí un tiempo, hacer una fortuna y regresar con mucho dinero. Todo esto parece muy bien, pero Santiago expone en este pasaje una enorme realidad que, tanto en aquellos tiempos como en la actualidad, el ser humano ignora. Lo cierto es que no existe una persona que sepa lo que el día de hoy puede depararle, mucho menos el día de mañana. Entonces, ¿cómo podemos estar seguros de que nuestros planes para el futuro se van a llevar a cabo?

El filósofo romano Séneca dijo: “Cuan insensato es el hombre que hace planes para su vida cuando ni aun el día siguiente está bajo su control”. Esto es una gran realidad, pero lamentablemente todos actuamos como insensatos cuando se trata de hacer planes para el futuro, pues ni siquiera podemos estar seguros de que mañana estaremos vivos. Dice Santiago que nuestra vida es “neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.” Claro que no está mal que seamos precavidos, y tratemos de estar preparados para el porvenir. Pero nuestros planes deben depender siempre de Dios, porque el futuro está en sus manos. Y todo aquel que hace planes para el futuro sin contar con Dios, no hace más que jactarse, dice el pasaje de hoy. La jactancia es sinónimo de arrogancia, de orgullo, de autosuficiencia. La persona que tiene estas características, no puede contar con el favor de Dios. En Jeremías 48:29-30 vemos un ejemplo. Allí dice: “Hemos oído la soberbia de Moab, que es muy soberbio, arrogante, orgulloso, altivo y altanero de corazón. Yo conozco, dice Jehová, su cólera, pero no tendrá efecto; sus jactancias no le aprovecharán.”

No debemos tampoco vivir aterrorizados y llenos de temor a causa de la incertidumbre del porvenir. Lo que tenemos que hacer es consagrar a Dios el futuro y poner todos nuestros planes y proyectos en sus manos. Dice Santiago que debemos decir siempre: “Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.” También debemos recordar que nuestros deseos pueden no estar dentro de los propósitos de Dios para nuestras vidas. En otras palabras, debemos tener siempre en cuenta la voluntad de Dios, la cual es “agradable y perfecta”, dice Romanos 12:2. El apóstol Pablo llegó a entender profundamente este concepto, y en todos sus planes dependía siempre del Señor. En su primera carta a los corintios les dice: “Pero iré pronto a vosotros, si el Señor quiere…” (1 Corintios 4:19). Y en 1 Corintios 16:7, Pablo escribe: “Porque no quiero veros ahora de paso, pues espero estar con vosotros algún tiempo, si el Señor lo permite.”

Esta debe ser siempre nuestra actitud. De lo contrario nos estamos jactando, y por ende desagradando a Dios. Reflexionemos en esta enseñanza. La verdad ha sido expuesta claramente. Persistir en el hábito de confiar en uno mismo en lugar de poner nuestra confianza en Aquel que es el dueño de los tiempos, es pecado y no va a traer buenos resultados. Así lo advierte el pasaje de hoy: “Al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.”

ORACION:
Amantísimo Padre celestial, te doy gracias porque podemos confiar a ti nuestras vidas, nuestros planes, nuestros deseos, pues tú conoces perfectamente el futuro y sabes exactamente lo que nos conviene. Ayúdame, Señor, a buscar siempre tu voluntad antes de hacer mis planes. En el nombre de Jesús, Amén.