“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.”

Salmo 1:1-3
 
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Hechos 16:16-18
"Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando. Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación. Y esto lo hacía por muchos días; mas desagradando a Pablo, éste se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en aquella misma hora.”


Lucas, el autor de este libro de los Hechos, nos cuenta en este pasaje que él, Pablo y algunos otros se dirigían a una reunión de oración, cuando salió a su encuentro una mujer endemoniada, la cual tenía un espíritu de adivinación. Esta mujer llevaba varios días siguiendo a Pablo y a Silas adondequiera que ellos iban, anunciando a todo el mundo a grandes voces que estos hombres eran siervos de Dios. Aparentemente Pablo se cansó de estar escuchándola dando gritos, (¡y lo más probable de forma burlona!). Y dice la Biblia que Pablo se volvió y ordenó al espíritu, en el nombre de Jesucristo, que saliera de ella. ¡Y el demonio salió! Observemos que Pablo no se dirigió a la mujer, sino que dijo al espíritu que la controlaba: “Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella.” Y aquel espíritu malo salió de ella inmediatamente.

Este pasaje que acabamos de leer es un pequeño ejemplo de lo que el apóstol Pablo advirtió a los efesios cuando escribió (en Efesios 6:12): "Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes." Esto es: “Guerra Espiritual”.

Esta guerra no la vemos porque se desarrolla en el mundo espiritual, pero tenemos que estar concientes de que existe, de que tenemos un enemigo común que quiere destruirnos. Y la palabra de Dios nos da la pauta a seguir para salir victoriosos de esa guerra.

Hasta el punto que leímos, vemos una victoria de parte de estos hombres de Dios. Pero en toda guerra hay victorias que no siempre son decisivas. Veamos qué sucedió después. Versículos 19 al 24: “Pero viendo sus amos que había salido la esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas, y los trajeron al foro, ante las autoridades; y presentándolos a los magistrados, dijeron: Estos hombres, siendo judíos, alborotan nuestra ciudad, y enseñan costumbres que no nos es lícito recibir ni hacer, pues somos romanos. Y se agolpó el pueblo contra ellos; y los magistrados, rasgándoles las ropas, ordenaron azotarles con varas. Después de haberles azotado mucho, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con seguridad. El cual, recibido este mandato, los metió en el calabozo de más adentro, y les aseguró los pies en el cepo."

Así es que después que Pablo echó el demonio fuera de aquella mujer, se produjeron contraataques satánicos que causaron disturbios callejeros, y Pablo y Silas fueron azotados (¡dice aquí que los azotaron mucho!), y después los echaron en la cárcel. Y los pusieron en el calabozo de más adentro y los encadenaron. (Aparente derrota. ¿Cierto?)

Pero veamos el próximo paso en esta batalla. ¿Cómo reaccionaron Pablo y Silas? ¿Qué hicieron?
Versículos 25 y 26: "Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron."

Así es que Pablo y Silas no se rindieron, no se dieron por vencidos, sino que se propusieron continuar la batalla por medio de la oración y la alabanza a Dios. E inmediatamente se vieron los resultados. Dice que “entonces sobrevino de repente un gran terremoto”, que hizo que los cimientos de la cárcel se estremecieran. Y al instante las cadenas que los tenían amarrados se soltaron y las puertas que los encerraban se abrieron. ¡Un terremoto! Esta fue una rápida respuesta a la oración y la alabanza. Pero tampoco fue el final de la batalla.

Versículos 27-34: "Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido. Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí. El entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas; y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos. Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios."

Todas estas circunstancias llevaron a que Pablo y Silas pudieran hablarle del evangelio al carcelero y a su familia, y esa noche, todos recibieron la salvación en Cristo Jesús. Aquí termina esta batalla con una victoria para el Señor y sus siervos.

Batallas como esta se están efectuando constantemente a nuestro alrededor como parte de una guerra invisible para nosotros, pero cuyos efectos son muy visibles. Dios quiere que estemos conscientes de que existe esta guerra espiritual, pues mientras más ignorantes estemos, más en desventaja estaremos ante las fuerzas del maligno. Recuerden Oseas 4:6: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento.”

Si ignoramos la existencia de esta guerra, estaremos constantemente mirando la causa de nuestros problemas equivocadamente; buscando soluciones superficiales y temporales en lugar de soluciones profundas y permanentes. Estaremos enojados con ese familiar, con ese vecino, o ese compañero de trabajo que nos hace la vida imposible. Enfocaremos nuestra energía en defendernos de él y contraatacar, en lugar de orar por él y pedir su liberación de ese espíritu que lo está controlando con el fin de atacarnos a nosotros. Estaremos llenando nuestro corazón de rencor y resentimiento contra esa persona (eso es lo que el diablo quiere), en lugar de orar y alabar al Señor (como hicieron Pablo y Silas), y dejar que sea él el que resuelva el problema.

En 1 de Pedro 5:8 dice: "Sed sobrios y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar." Tenemos que estar constantemente alertas.

Muchos cristianos no entienden, o quizás no quieren aceptar el hecho de que es una guerra real, que se está llevando a cabo a nuestro alrededor, y que está causando estragos en individuos, en hogares que han sido destruidos, en vidas jóvenes esclavizadas por el vicio de la droga y el alcohol, homosexualismo, depravación y todo tipo de corrupción en todos los niveles de nuestra sociedad. Guerra espiritual…

Pero además de estar alertas, debemos prepararnos para la batalla. No hacemos nada con estar concientes de la guerra, si no estamos preparados para combatir al enemigo. Pero no nos preparamos con cañones y bombas como en una guerra convencional, “pues aunque andamos en la carne (dice 2 Corintios 2:3-4), no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas.”

La Biblia nos enseña la base fundamental de nuestra preparación para esta guerra. Dice Efesios 6:10: “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza." Lo primero que nos dice la Biblia es que debemos fortalecernos para esta batalla en el poder del Señor. No existe otra fuerza capaz de vencer a Satanás y a todos sus demonios que no sea la fuerza y el poder del Dios todopoderoso. Esto es lo primero que tenemos que tener en cuenta.

El próximo paso lo define Santiago 4:7: "Someteos, pues a Dios, resistid al diablo, y huirá de vosotros." Es decir, después de fortalecernos en el poder de Dios, nos sometemos a su dirección. Entonces lo único que tenemos que hacer es “resistir” al diablo. No nos dice que salgamos a buscar al enemigo y nos enfrasquemos en una lucha mano a mano con él. Simplemente tenemos que resistir, y Dios nos da la fuerza para hacerlo.

Resumiendo, las instrucciones que debemos seguir para triunfar en esta guerra espiritual son:
Primero: Debemos estar alertas de lo que está sucediendo a nuestro alrededor. Observar las actitudes que nos afectan de aquellos que tienen alguna relación con nosotros. Y antes de reaccionar, consultar el asunto con Dios.
Segundo: Buscar constantemente el poder de Dios y someternos a su dirección y a su protección. Esto se consigue por medio de la oración constante y la lectura de la Biblia.
Tercero: Estar firmes en nuestra fe y resistir al diablo y sus tentaciones.

Este fue exactamente el último consejo de Jesús a sus discípulos, allí en Getsemaní, cuando él mismo se encontraba en medio de una guerra espiritual, luchando contra la tentación de huir de la cruz, porque quería hacer la voluntad del Padre.

Dice Mateo 26:41 que Jesús les dijo a sus discípulos:
“Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.”
Velad – es decir, estén alertas.
Orad -- busquen el poder y la dirección de Dios.
Para que no entréis en tentación – o sea, para que puedan resistir al diablo, y hagan la voluntad de Dios.

Y cuando hacemos esto, ¿qué sucede? El diablo huye, dice la Biblia.
¿Por qué? Porque Dios pelea por nosotros como poderoso gigante, y Satanás no puede enfrentarse a él.

Tenemos un Dios que es todopoderoso, que nos ama y pelea por nosotros. Y hasta ahora jamás ha perdido una batalla, y no está en sus planes perder ninguna. Nosotros, como soldados de su ejército, tenemos el deber de estar alertas y de prepararnos espiritualmente. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de caer en sus garras.

Tenemos que estar alertas. Tenemos que estar preparados. Eso es lo que nos dice el Señor en esta enseñanza. Y esto es algo que se aplica a todos los creyentes. Sin excepción. Por mucha que sea tu consagración, no pienses que estás libre de los ataques del enemigo.

El apóstol Pedro escribió sus cartas a cristianos consagrados, a los cuales advirtió que el diablo anda alrededor como león rugiente, buscando a quien devorar. Pedro sabía muy bien, por experiencia propia, que no nos podemos confiar. Y no olvidemos que Jesús fue tentado por el diablo.

Tengamos esto muy en cuenta. Si algo nos está diciendo: “yo no tengo problema en eso” ¡Mucho cuidado! “El que piensa estar firme, mire que no caiga.”

No olvides que el enemigo quiere controlar tu mente, tu lengua, tus miembros, todo tu ser. Quiere hacerte caer con el fin de glorificarse en tu vida. “No deis lugar al diablo”, dice la Biblia. (Efesios 4:27). Alguien dijo: “Si le das una pulgada al diablo, él hará tus reglas”

Ciertamente tenemos que estar alertas. Y tenemos que estar preparados.

Y la única manera de prepararnos espiritualmente es buscando el rostro del Señor en oración todos los días, leer la Biblia, meditar en ella, y aplicar sus enseñanzas a nuestras vidas. No hay otra manera.

Así seremos fortalecidos “en el poder de su fuerza.” Y el Espíritu Santo nos capacitará para someternos a Dios y resistir al diablo y cada tentación que él ponga delante de nosotros.

Como resultado, saldremos victoriosos de la batalla, y la paz de Dios inundará nuestros corazones.